PRODUCCIÓN LITERARIA DE LOS ESCRITORES DE LA NARRATIVA DEL SIGLO XIX

 

Juan Montalvo (1832-1889) 

Ecuador-Ambato

CAPÍTULOS QUE SE LE OLVIDARON A CERVANTES (1895)

El Buscapié
(Prólogo)
Capítulo 1

Dame del atrevido,dame, lector,del sandio;del mal intencionadono, porque ni lo he menester,ni lo merezco. Dame también del loco, y cuando me hayas puesto como nuevo ,reci´beme a perdón y escucha.¿Quién eres,infusorio-exclamas-, que con ese mundo encima vienes a echármelo a la puerta? Cepos quedos:no soy yo contrabandista ni pirata:mía es la carga: si es sobradamente grande para uno tan pequeño, no te vayas de todas por este el único motivo; antes repara en la hormiga que con firme paso echa a andar hacia su alcázar,perdida bajo el enorme bulto que lleva sobre su endeble cuerpecillo. Si no hubiera quien las acometa,no hubiera empresas grandes; el que está en el éxito: siendo él bueno, el acometedor es un héroe; siendo malo,un necio: aun muy dichoso si no lo calificamos de malandrín y bellaco.Este como libro está compuesto,sepa yo de fijo que es obrita ruin ,y no la doy a la estampa; téngale por un acierto, y me ahorro las enojosas diligencias con que suelen los autores equillotrar al público,ese personaje terrible que con cara de justo juez lo está pensando todo. Él decidirá: cómo el delito es máximo, la pena será grande : al que intenta invadir el -VI- reino de los dioses ,Júpiter le derriba. Pero el rayo consagra: ese clemente es un escombro respetable.
¿Qué pudiera proponerse, me dirán, el que hoy escribiera un Quijote bueno o malo? El fin con que Cervantes compuso el suyo no existe:la lectura de los libros caballerescos no embebece a cuerdos ni a  locos,a entendidos ni a ignorantes, ni a juiciosos ni a fantásticos: estando el mal extirpado, el remedio no tiene objeto , y el doctor que lo propina viene a curar en lo sano. Así es,pero  yo tengo algo que decir: don Quijote es una dualidad; la epopeya cómica donde se mueve esta figura  singular  tiene dos aspectos:el uno visible para todos, el otro, emblema de un misterio, no está a los  alcances  del  vulgo, sino de los lectores perspicaces y contemplativos que, rastreando por todas partes la esencia de las cosas,van ha dar con las lágrimas anexas a la naturaleza humana guiados hasta por la risa.Don Quijote enderezador de tuertos, desfacedor de agravios; don Quijote caballero en Rocinante,miserable representación de la impotencia;don Quijote infatuado,desvanecido, ridículo,no es hoy necesario para nada.


Capítulos que se le olvidaron a Cervantes es el título de una novela del ensayista y pensador .La obra tiene un extenso prólogo, que lleva por título El buscapié, y refiere nuevas aventuras de Don Quijote de la Mancha. Se diferencia notablemente de otras continuaciones del Quijote en que la acción se inicia a partir de un momento indeterminado de la obra cervantina, en el contexto de la tercera salida, y se interrumpe dejando a Don Quijote con vida, aunque después de haber redactado un testamento en verso octosilábico.

El texto contiene numerosas referencias a los libros de caballerías, evidentemente tomadas de las notas de Diego Clemencín a su edición del Quijote, y hace también alusión a una serie de personajes de la política ecuatoriana de su tiempo, en particular el presidente Ignacio de Veintemilla, de quien Montalvo era furibundo adversario, y al que presenta en la figura de un ladrón ajusticiado, cuyo cadáver hallan Don Quijote y Sancho. Otra característica de la obra es su notorio anticlericalismo, expresado en reiteradas burlas y censuras a la Iglesia católica y la conducta y actitudes del clero.


Miguel Riofrío (1819-1881)

Ecuador- Loja

LA EMANCIPADA
  PRIMERA PARTE 

Nada inventamos: lo que vamos a referir es estrictamente histórico: en las copias al natural hemos procurado suavizar algún tanto lo grotesco para que se lea con menor repugnancia. Daremos rapidez a la narración deteniéndonos muy poco en descripciones, retratos y reflexiones. 


En la parroquia de M... de la República ecuatoriana se movía el pueblo en todas direcciones, celebrando la festividad de la Circuncisión, pues era primero de enero de 1841. Sólo un recinto estaba silencioso y era el jardín de una casa cuyas puertas habían quedado cerrojadas desde la víspera. Allí hablaba una joven lugareña con un joven recién llegado de la capital de la República. El joven era de mediana estatura, de facciones regulares y un tanto cogitabundo. En la joven, su altura, flexibilidad y gentileza se ostentaban como el bambú de las orillas de su río: su tez fina, fresca y delicada la hacía semejante a la estación en que los campos reverdecen; la ceja negra, y las pupilas y los cabellos de un castaño oscuro le daban cierta gracia que le era propia y privativa: su mirar franco y despejado, una ondulación que mostraba el labio inferior como desdeñando al superior y el atrevido perfil de su nariz, daban a su rostro una expresión de firmeza inconmovible. No había una perfecta consonancia en sus facciones; por eso el conjunto tenía no se qué de extraordinario; la limpieza de su frente y la morbidez de sus mejillas que se encendían con la emoción, parecían signos de candor: la barba perfectamente arqueada imprimía en todo su rostro cierto aire de voluptuosidad: una contracción casi imperceptible en el entrecejo mostraba haber reprimido de tiempo atrás alguna pasión violenta: el cuello levemente agobiado le daba una actitud dudosa entre la timidez y la modestia: de modo que ningún fisónomo habría podido adivinar su carácter moral y fisiológico con bastante precisión. De qué hablaban, se puede adivinar fácilmente si se atiende a que el joven había estudiado las materias de enseñanza secundaria en la ciudad más cercana a la 1 parroquia de que nos ocupamos, y que iba a pasar sus temporadas de recreo en casa de la joven. Se conocerá más claramente cual había sido su pensamiento dominante, cuando se sepa que después de terminado el curso de artes, había pasado a hacer sus estudios profesionales en la Capital, y había estudiado con todo tesón necesario para recibir la borla, dar media vuelta a la izquierda y volver a cierto lugar que sus condiscípulos deseaban conocer porque le había pintado muchas veces en los ensayos literarios que se le obligaba a escribir en la clase de Retórica. En uno de estos había dicho: Quedaos vosotros, hijos de la corte, en la región de las Pandecetas, y el Digesto y las partidas. Yo de la jerarquía de doctor pasaré a la de aldeano, porque allí mora la felicidad. Las hoyas de los ríos Malacatus, Uchima, Chambo y Solanda con sus preciosidades vegetales y sus vistas pintorescas acogerán el resto de mis días. Las vegas son allí un salpicado caprichoso de alquerías, casas pajizas, ingenios de azúcar, platanares, plantíos de caña dulce y pequeñas laderas en que pacen los ganados. Todo esto recibe un realce sorprendente con el relieve de los árboles ya gigantescos, ya medianos, que nacen y crecen sin sistema artístico y con la sola simetría que a la naturaleza pudo darles. La ceiba, el aguacate, el guayabo, el naranjo y el limonero son los más comunes matices de los platanares, los cañizales y los prados. A la margen de los ríos se levantan, se extienden y entrelazan los bambús, los carrizos, los laureles, el sauce y el aliso. En las colinas levántase el arupo para mostrar de lo alto su copa y sus ramilletes. Como el placer y el dolor en el corazón del hombre, así alternan a la falda de esos cerros y en la parte agreste de esos valles, el faique con sus espinas y el chirimoyo con la frescura de su follaje, la fragancia de sus flores y lo sabroso de su fruta. 


La emancipada es una novela corta del escritor ecuatoriano Miguel Riofrío, publicada por primera vez en 1863 en el diario quiteño "La Unión". Es considerada como la primera novela publicada en Ecuador. La trama gira en torno a Rosaura, una mujer que es obligada por su padre a casarse con un hombre al que no conoce, por lo que decide rebelarse contra el sistema patriarcal que la oprimía.
 





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